Antiguamente el ahorrista uruguayo que no se conformaba con los intereses del plazo fijo y tenía ahorros, recurría a comprar títulos de deuda del gobierno. Se transaban pocas acciones y, mal que bien -por eso de que “Uruguay siempre pagó”-, permitía que el país se financiara, pagando una tasa de interés atractiva sin mayores riesgos. Los bonos se podían tocar -eso daba una absoluta sensación de control-, se guardaban y cada seis meses se les recortaba un cupón para cobrar los intereses. El servicio de compra-venta e incluso cobranza, era prestado por los corredores, con los que se tenía una relación bastante personal y basada en la confianza. La contra era que no habían demasiadas alternativas para invertir.
En síntesis, la suerte del ahorrista estaba atada a la economía local.
Los años pasaron. La información comenzó a fluir en todo el mundo, sobre todo con la web. Los instrumentos financieros principales siguen siendo los mismos, pero las órdenes de compra están al alcance de un clic; los bonos pasaron a ser electrónicos y la tijera no se usa más; la custodia es un estado de cuenta; y ha surgido un menú prácticamente infinito de nuevos productos, casi imposibles de entender para el inversor común. Por ejemplo, un gobierno anuncia una emisión por US$ 1.500: de un nuevo bono, a un plazo de 10 años y con un retorno estimado de riesgo país + 400 puntos básicos. Ya no es sólo el cupón la variable a mirar. Ah!, y ya no hay tanto tiempo para pensar; tal vez en 24 horas el bono se colocó en el “mercado primario”.
Con la visión tradicional es natural preguntarse: ¿qué diablos es esto? Despacio. En caso de desear invertir algo de su dinero en dicho bono, sistemas informáticos le debitan el monto acordado, y oportunamente le acreditan los intereses del período y al vencimiento le acreditan el valor nominal del bono. Incluso puede ver su cuenta on line. A pesar de la tecnología, la confianza continuará siendo su guía. Hágale caso.
POR Michel Bombsztein, MBA (mb at ifadvisory.com)
Esta nota es parte de un informe publicado el domingo 19 de julio de 2009 en el suplemento Café & Negocios de El Observador. Para verlo en formtato diario puedes hacerlo en estos links: pag1 y pag2.
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