Steven Burda es un joven ucraniano que emigró junto a sus padres en busca del tan anhelado “sueño americano”. Y se le hizo realidad. Se graduó en finanzas y obtuvo un MBA. Actualmente, a sus 28 años, trabaja para The Boing Company. Se le podrían asignar muchos más títulos, pues es un tipo que hace de todo. Pero lo que mejor lo identifica es que puede ser considerado el rey del networking en Internet.
Esto no es para menos si se tiene en cuenta que tan solo en LinkedIn (tiene un perfil en cuanta red social profesional existe) cuenta con más de 39.000 conexiones. Esa condición lo ha situado en el cuarto puesto del top 50 de los usuarios con más contactos (toplinked.com). Podría ocupar el primer lugar, pero desde hace unos tres meses LinkedIn decidió ponerle un tope, que no le permite sumar más gente a su red personal.
Las reglas son reglas
Sucede que LinkedIn, como otras redes, se basa en la teoría de los seis grados de separación y tiene como política que uno solo pueda sumar contactos que conozca o que sean conocidos por uno de las conexiones directas (quienes usen el servicio conocen los métodos que aplica). Pero no permite linkear dos personas que no se conozcan.
De acuerdo con LinkedIn, la lista de conexiones refleja la reputación profesional de una persona. Entonces, sostiene que si uno está conectado con todo el mundo, no solo le es difícil gestionar la lista, sino que se implica un riesgo, ya que se puede estar linkeado (sin saberlo) a gente que goza de mala fama.
Sin embargo, no seguir esa regla puede tener muchos beneficios. Existe la llamada teoría de “el poder de los vínculos débiles”, del sociólogo norteamericano Mark Granovetter, quien sostiene que en una red de contactos, los más lejanos a nuestro entorno –aquellos con los que se tiene un enlace más débil (weak tie)– son quienes aportan mayor valor a nuestra red.
Superconectores
Apercibidos o no de tal hipótesis, existen los llamados LIONs (LinkeIn Open Networkers), usuarios que aceptan cuanta invitación les llegue de personas que conozcan o no. También son consideraros ‘superconectores´, pues sus grandes listas de contactos les permite enlazar a quien sea con un solo click.
Burda es pionero en esto. De hecho dedica casi todo el tiempo libre que tiene para estar en la red y ayudar a otros a conseguir empleo, obtener una recomendación, hallar socios de negocios e incluso asesora y ofrece consultoría en los temas en que es experto. Todo esto en forma honoraria. Por ello no resulta raro que le llamen La Madre Teresa del Networking.
No meter la mano en la lata
Justamente, esto es lo que, aunque no lo admite públicamente, le pesa a LinkedIn. Sucede que para tener total acceso al universo de esta red hay que pagar. Por ejemplo, si se quiere mandar un mensaje a alguien con el que no existe ningún tipo de vínculo ni conexiones de por medio, o se quiere ver su perfil entero, en ambos casos se requiere una cuenta Premium: cuesta US$ 50 al mes, y mayormente la usan reclutadores de personal y vendedores.
LinkedIn ve a los LIONs como cuenta de pérdida, por ello ha tomado medidas como restringir a 3.000 el número de posibles invitaciones que se pueden mandar u otras más severas como la de Burda. Sin embargo, los expertos consideran que no tiene sentido penalizar, ya que el futuro de las redes sociales es convertirse en públicas y abiertas.
Sin dudas es una relación complicada, pero necesaria: los LIONs necesitan de LinkedIn para seguir con su filosofía de que cuanto más grande es la red es mejor, y el sitio los necesita a ellos porque son su mejor promotor y los que generan la mayor parte de la actividad que se da en esta red.
¿Cuántos hacen falta?
Con todo esto, la pregunta que hay que plantear es ¿hasta donde sirve tener una red de contactos tan grande? Una persona con 200 conexiones tiene acceso a alrededor de 1,7 millones, pero si cuenta con un par de superconectores la cifra puede sobrepasar los 3 milllones. ¿Acaso no alcanza?
Con una cifra como la de Burda se pierde el sentido a lo de los 6 grados de separación, pues prácticamente la distancia es de 2 grados, y también la calidad de las relaciones interpersonales, amén de que se complica gestionar tanta gente. Sin embargo, Burda lo deja bien claro: “Nunca se sabe de dónde puede venir la oportunidad”. Por ello no se ha quedado quieto y lleva a cabo una campaña usando cuanta herramienta 2.0 haya para recuperar su ‘libertad´.
ENTREVISTA
¿Cuál es su leit motiv?
Amo ayudar a la gente. Me da una enorme satisfacción personal. Hay muchos sitios que cobran por lo que yo hago en forma honoraria. Creo firmemente que el karma siempre regresa a uno.
¿Por qué necesita seguir agregando contactos en LinkedIn?
Para seguir ayudando a la gente y abrirles más puertas a las oportunidades; también para mí. ¿Quién sabe lo que traerá el futuro, verdad? “Dig your well before you´re thirsty!” (Cava tu pozo antes de estar sediento, frase que lleva como título un libro escrito por Harvey McKay que puede ser considerado la biblia del networking.
¿No cree que de afuera lo pueden considerar como un adicto? Puede ser visto como una competencia de egos…
La gente a veces piensa que ser un open networker es ser un spammer, pero no es así. Yo valoro a mi gente y mis conexiones. Seguramente haya gente malintencionada, pero, en general, la mayoría busca ayudar a otros.
¿Cómo lo afecta la medida de LinkedIn? ¿En qué pierde?
No solo en poder ayudar a más gente (el perjuicio es mayor sobre los que quieran conectarme, que a mí mismo). También pierdo confianza y credibilidad; me envían invitaciones y no obtienen una respuesta de mí. No es que no quiera aceptarlos; no me dejan.
¿Cree que LinkedIn pierde oportunidades de negocio al poner un tope de contactos?
LinkedIn está en el negocio de hacer dinero. Ellos me ven como una gran dificultad en su camino por facilitar muchas presentaciones de forma gratuita. No es mi intención perjudicar su negocio, pero ayudo a los que no tienen la capacidad de pagar los servicios Premium. Nos ven (en referencia a los LION) como una amenaza para su futuro. Cualquier excusa les serviría para echarnos de su sitio. Si tan solo encontraran una razón legal…
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